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A veces no sé qué hacer con mis emociones…
Mayo 2021

María despertó muy frustrada porque otra vez respondió algo que había decidido no contestar, era algo que le sucedía frecuentemente, era un malestar constante en su vida, decía “no lo haré otra vez, esperaré y no diré nada hasta haber pensado bien”. Sin embargo, no lograba controlarlo y terminaba en muchas ocasiones sintiendo culpa o vergüenza por haber sido impulsiva al decir o hacer algo. Juan no lograba entender qué le pasaba, solía tener arranques constantes de ira que no lograba controlar, solía lastimar a personas que amaba y después, sentirse muy arrepentido de tener estos arranques incluso son su novia, aunque un día ella no lo soportó más y decidió terminar la relación. Eso lo enfureció más y empezó a evidenciar cosas personales de ella en las redes sociales y posteriormente se arrepintió y vino de nuevo las disculpas y arrepentimientos.

¿Qué podemos decir de estas dos personas?, ¿Qué tienen en común?, ¿Se podrá hacer algo para que se sientan mejor?


Es notorio que en nuestra cultura no siempre se aprende como ser asertivo con muchas de nuestras respuestas, crecemos pensando que lo hacemos bien porque observamos a otros resolviendo de esta forma, observamos como nuestros padres resuelven las situaciones de la vida cotidiana, la forma de vinculación afectiva y manejo de las emociones, escuchamos frases como; “No llores tanto no vale la pena”, “lloras y te levantas”, “No rías de esa forma pareces loca”, “Nadie merece tú amor”, “Primero los hijos”, etc. y de esa forma recibimos instrucciones de cómo manejar, nuestras emociones y las consideramos como correctas hasta que sentimos algún malestar.


Es importante reconocer que estos aprendizajes los hemos ido heredando y que no necesariamente son asertivos, que se requieren nuevos aprendizajes para generar un bienestar emocional y lo mejor de todo es que podemos lograrlo. Un bienestar emocional se va dando cuando podemos hacer un uso inteligente de nuestras emociones, cuando favorecen nuestro desarrollo y no entorpecen nuestro crecimiento. Esto se puede alcanzar siguiendo algunos pasos relativamente sencillos, pero que requieren mucha práctica.


Primero es muy importante identificar lo que sentimos, el pensamiento que generamos y las conductas que realizamos con la emoción. Por ejemplo, si yo veo que alguien le grita a un pequeño y siento que mi cuerpo se acalora, que mis manos se tensan y que mi rostro se descompone; que genero pensamientos como: “eso no se le hace a un niño, esa es una mala persona, no debería hacer eso… y sigo generando más pensamientos de hecho los alimento cada vez más, luego me doy cuenta como le puedo llamar a eso y llego a la conclusión de que es -Enojo- puede ser que le grite a esa persona y termine involucrándome en la situación, teniendo un problema enganchada con la situación y todo esto sólo con la información que recibí a través de mis sentidos sin saber del contexto completo.


Ese puede ser un camino para identificar:

  • Lo que veo, escucho, siento, etc.
  • El pensamiento que genero (que siempre está respaldado por mis ideas, creencias e historia).
  • La emoción que siento.
  • La conducta que hago.
  • Buscar explicarme cómo me estoy sintiendo.
  • Puedo expresarlo de forma asertiva a otra persona.

Si aprendemos a seguir el camino, podríamos identificar nuestros pensamientos y transformarlos en algo más proactivo y nos dará la oportunidad de transmitirlo de forma asertiva. Comunicarlo de forma asertiva es un reto importante para expresar lo que queremos decir, con las palabras correctas de la forma adecuada y la persona indicada sería nuestro siguiente paso y todo un reto.


Poder identificar las emociones y ser asertiva con la comunicación es muy importante. Para ese paso es necesario hacer una buena negociación entre las emociones y nuestra racionalidad o como se dice coloquialmente -El cerebro y el corazón-. Esta relación entre el corazón y el cerebro requiere que podamos hacer una buena conexión entre ambos para tomar decisiones que no nos hagan sentir malestar posteriormente o una gran resaca emocional. Cuando logramos usar nuestras emociones de forma inteligente estaremos hablando de inteligencia emocional. Esta inteligencia emocional requiere práctica y constancia, es algo que se puede lograr y que nos beneficia en todas las relaciones que establecemos, se vive más ligero y se puede crear nuevos vínculos más amorosos y saludables.


Estos vínculos saludables y amorosos se dan cuando somos capaces de trabajar y responsabilizarnos de nuestras emociones, compartirlas con los demás y ser empáticos, sería muy interesante tener un mundo en el que nuestras relaciones sean amorosas y de buen trato ¿No lo crees? En el que las personas logremos tener un buen manejo de nuestras emociones, ser más asertivo y vincularnos de forma más efectiva. Sé que es todo un reto y requiere mucho esfuerzo; sin embargo, es completamente alcanzable y ahora te pido puedes preguntarte ¿Qué tan bien manejo mis emociones? ¿He tenido alguna resaca? Cuando me expreso, ¿siento que lo hice bien?



Mtra. Ana María Eusebio Hernández.